Anfitrión: Bienvenidos a la casa de Hugo
Hugo Fattoruso dice que lo suyo "no está ni cerca de lo erudito, es una mezcla de calle y academia, cordón de la vereda y palacio". Hace los mandados, se sube al ómnibus y camina como un ciudadano más. Observa a la gente y sus movimientos.
Mariel Varela
Foto: Marcelo
Damiani
Lo saludan choferes, repartidores y taximetristas. Hay músicos que "están adentro de una campana de vidrio". No es su caso. Él en la calle anda "como pez en el agua". Esa rutina no es nueva en su vida: a los 12 años se levantaba a las cuatro de la mañana para acompañar a su padre a vender discos en la feria de Tristán Narvaja. "Y bueno, ese tipo de respiración aparece en mi música y es apenas el día a día".
Se le prende la lamparita en los momentos más insólitos. Una vez se le ocurrió un arreglo para la canción Goldenwings (Opa, 1976) mientras comía unas milanesas hechas por su madre. "Es un momento de meditación profunda. No hablás una palabra, entonces mientras saboreaba dije, `¿cómo diablos tocamos esto después de esto que son del mismo aire?`Ah, ya sé, y eso fue. Siempre se encuentra una vuelta", relata.
Es que el cerebro de Hugo Fattoruso se divide en dos. Una mitad la utiliza para realizar actividades cotidianas pero en simultáneo hay otra que está constantemente funcionando entorno a la música. "Una parte de mi cerebro está todo el día `tatata, tururu` (tararea) y digo, `a ver esto, qué voy a hacer acá, cómo es esto` y bueno, con la otra parte tomo el ómnibus que tengo que tomar, disco el número de teléfono, agarro la llave que tengo que agarrar, me siento y pienso lo que tengo que estudiar... Por ahí va".
De local y con amigos
La idea de convocar a Jaime Roos y Fito Páez para el show Fatto in casa no partió de Hugo Fattoruso, sino de la productora del espectáculo, Alejandra Volpi. "Si no hubiera sido por ella, yo no los invitaba nunca porque no me gusta molestar, especialmente a amigos porque capaz que me dicen que sí por compromiso", señala. Ante la propuesta de Alejandra, los tanteó por mail y obtuvo una respuesta inmediata. "En seguida me contestaron `qué bueno, qué temas vamos a tocar, después los elegimos`. Se anotaron en seguida".Reconoce que podrían haber sido otros dos músicos los invitados pero con ellos tiene una relación especial. Con Jaime grabó un montón de veces y Fito "es un hermano rosarino. Me ha invitado a participar de varios shows. Y me prestó su estudio para grabar mi cuarto disco de piano".
Conoce de memoria a ambos y es lo suficientemente elástico como para adaptarse a la metodología de trabajo de sus dos invitados. Eso les allana bastante el camino. "Con Fito el trámite es más rápido. Es como si jugara un picadito de fútbol así sin mucha preparación, se mete en la cancha y a jugar. Jaime es mucho más meticuloso, cuidadoso y con él tenemos una serie de ensayos, cosa que yo también concuerdo porque ensayo mucho pero también juego en el campito, hago las dos cosas", se ríe.
Con Jaime es más simple resolverlo porque pueden juntarse a practicar y probar sonidos. Los ensayos con Fito, en cambio, son virtuales dado que llegará a Montevideo el mismo día del show. Internet facilita el asunto: el mecanismo consiste en enviarse vía mail MP3 y partituras escaneadas.
-¿Cómo se amalgama este trío en el escenario?
-Es la música lo que amalgama. Es muy simple. Son los temas musicales porque cada uno de nosotros siendo de la profesión es como que uno hace pizza, el otro la ensalada y el otro la carne. Es familiar para nosotros.
-¿Quién o qué es el protagonista de este Fatto in casa?
-La fiesta de la música, el repertorio, las versiones. Me gusta presentar diferentes formaciones durante el espectáculo, a veces un dúo, a veces somos cuatro, seis, va mutando. No es que subimos y tocamos una hora y media todo lo mismo, va mudando siempre y a mí me encanta. Por eso tenemos los invitados que tenemos.
Influencia
Se crió rodeado de tocadiscos, vinilos de ópera, zarzuela, música típica y jazz. "Mi padre siempre conseguía música de Filipinas, Hawai, cosas que hoy le llamarían de la categoría del World Music. No sé cómo las conseguía en aquella época", relata. Lo suyo no era una cuestión genética porque ni su padre ni su madre se dedicaban a la música pero en casa de los Fattoruso no dejaba de sonar el tocadiscos y escuchar música era un ritual. "Yo pienso que la afinidad con todo lo que después hicimos con mi hermano (Osvaldo) nace por haber tenido ese entorno", reflexiona.-¿Qué tan distinto es tocar en familia a hacerlo con otros músicos?
-Debe de haber algo diferente. Por ejemplo, Osvaldo no está más y a mí se me fue la mitad de la música. Para tocar lo que yo tocaba con Osvaldo se terminó, así que eso marca una diferencia gigante. Lo que hacíamos cuando estaba él era solamente con él. Esos ingredientes son los que marcan la diferencia. No puedo hacer nada al respecto. Como profesional yo sigo tocando hasta que me metan en el cajón.
Un estilo, un grupo
Trabajó como mecánico de coches y motos, fue fotógrafo, mensajero y limpiador pero terminó "sobreviviendo" gracias a la música. Le costó pero logró hacer de su pasión también su fuente de ingresos. "Hubo años muy difíciles, sin trabajo ninguno, viviendo en otro país".Dentro de su profesión, deambula por estilos variados. Cuando quiere hacer candombe, se junta con Rey Tambor, si prefiere irse para lo instrumental o fusionar ritmos, se une a Tomohiro Yahiro en el dúo Dos Orientales. Si se le ocurre versionar temas de compositores locales (Fernando Cabrera, Eduardo Mateo, Jaime Roos, Ruben Rada) con una mezcla de percusión tradicional y electrónica se acerca a Albana Barrocas con quien conforma HA Dúo. "Acá lo que comanda es la música. Lo que toco con Rey Tambor no lo puedo tocar con otro grupo o puedo hacer una versión pero nunca va a sonar así y viceversa".
Esta fórmula se aplica a todas las agrupaciones que integró y aquellas que conforma aún hoy. Ser parte de una gama bien distinta de conjuntos le da la posibilidad de desdoblarse y saciar sus distintas motivaciones como músico. "Son mis inquietudes que me llevan a ofrecer estas alternativas sonoras porque cada uno suena de una manera distinta", asegura.
Se mueve por las diversas facetas que le brinda la profesión con plena confianza. Compone, hace arreglos, toca el piano, el acordeón y canta, aunque no es cantor. "Hay una cantidad de intérpretes que no componen pero cantan como la gran flauta (Elis Regina, Gal Costa). Yo no canto como la gran flauta, yo expongo la melodía. Laburo de cantor pero no soy cantor".
Le gusta subirse al escenario con compañía pero también la pasa muy bien cuando realiza recitales en solitario. "Hago shows solo tocando piano, cantando, con el acordeón". Otra de las alternativas que disfruta es la de participar como invitado en espectáculos de amigos músicos y pone la misma dedicación que cuando es él quien ejerce el rol principal. "Yo entrego todo en cualquier situación, mismo cuando soy invitado a tocar un par de temas o soy tecladista que cuando soy protagonista, para mí es lo mismo".
Vivió en Estados Unidos y en Brasil, realizó giras por Europa, Asia y América, se codeó con músicos de distintos sitios y se acercó a las culturas más dispares. Asume que "algo tiene que transpirar" en sus composiciones de toda esa experiencia que absorbió a lo largo de estos 55 años de trayectoria. "Me imagino que sí, alguna cosa tiene que aparecer, no sé de qué manera".
-¿Qué tanto te importa conservar la esencia uruguaya en tu música?
-Por costumbre, por defecto o por lo que fuese compongo estilos diferentes, entonces con Rey Tambor ya estoy garantido con la parte uruguaya. Por ejemplo, Trío Fattoruso quizá alguien se lo pueda confundir y decir, `¿estos de dónde son? ¿De Brasil, de México, son hispanos?` Lo que tocamos en Dos Orientales no se sabe de dónde es, es fusión. Pero cuando toca Rey Tambor es solamente un punto geográfico, eso es Montevideo, no es ni siquiera fuera de Montevideo. El que tiene oído dice, `esto es de un lugar solo en todo el planeta`. Entonces mi parte uruguaya es por el lado del candombe.
Hace un tiempo dejó de estudiar formalmente y pasó a practicar por su cuenta. "Estudio en casa, yo con yo porque con el material que me han dado mis profesores tengo para 500 vidas", asegura. Siempre tiene un plan en vista y el más cercano es grabar el disco junto a Albana Barrocas. Y le seguirá quedando en el debe el álbum de boleros. Ese estilo le apasiona. Lo aprendió con Juan Lamas y Manolo Guardia. Ellos le enseñaron "unos boleros increíbles de la época de blanco y negro de compositores cubanos y mexicanos. Como soy un atrevido yo también compongo boleros y tengo un disco de boleros para grabar". Planea que el 60% sean versiones de esos "mágicos" temas que le hacían escuchar sus maestros y también "poner mi granito de arena porque lo siento necesario" con tres o cuatro composiciones propias.
Un uruguayo en Japón
Su desembarco en el mercado nipón se lo debe al azar. Asegura que fue "un golpe de suerte sin precedentes ni adjetivos". Nunca lo habían convocado para tocar en Japón, hasta que de rebote le tocó viajar como integrante de la banda de Djavan. "Había una cantidad de brasileros que viajaron y ninguno hizo contactos, a nadie volvieron a llamar. A mí nunca me llamaron pero por haber ido con Djavan conocí a Tomohiro", relata. El contacto entre ellos se perdió porque Fattoruso se fue a vivir a Nueva York y lo único que le quedó a Tomohiro de su amigo uruguayo fue un papelito con el número de teléfono de una prima, ni siquiera de su madre porque ella tampoco tenía teléfono. "Tomohiro me buscaba en Brasil y yo ya me había mudado. Los músicos brasileros que él contactó le decían, `no sé nada de Hugo, no lo vi más, no sé dónde está`".Entonces encontró aquel papelito que Hugo había arrancado de una libreta y a las apuradas le había anotado el teléfono de una prima. "Llama a mi prima, mi prima le avisa a mi madre, mi madre le da el teléfono de donde yo estaba en Nueva York a mi prima y Tomohiro me encuentra en Nueva York. Son todos golpes de suerte". Cuando se vuelven a ver, surgen una cantidad de proyectos en común hasta que el japonés le propone formar un dúo (Dos Orientales) "y esa fue la solución".
"Gracias a que Tomohiro me encuentra, a que Djavan me llevó a Japón, Trío Fattoruso y Rey Tambor viajaron a Japón y hay planes a futuro. Con Dos Orientales este año vamos a hacer 30 recitales en diferentes ciudades y después vamos a Europa". Una serie de acontecimientos se alinearon para que Fattoruso pudiera llevar su música a ese país con una cultura tan distinta a la nuestra pero que él admira por "el respeto, el orden, el trato y la dedicación que le ponen a cualquiera actividad que desarrollan. Te pasás preguntando por qué no es así donde yo vivo, por qué no hacen así. Además es lo normal lo que hacen pero es constante y fuerte, no es frágil. Yo ya fui 15 veces y te quedás con la boca abierta todo el tiempo", cuenta.
Brotan notas
Llegó a Estados Unidos en plena movida hippie y cuando Woodstock estaba en auge. Pero se le pegó muy poco de ese ambiente porque "era muy americano y yo era hincha de otras sonoridades, como los Beatles o Jimi Hendrix. Fuimos a ver la película un montón de veces y salíamos para esperar a que viniera la parte de Jimi Hendrix. Eran épocas mucho más románticas y sin trabajo también", relata el músico y compositor.-Hoy es otra realidad, cambió la época y no existe una movida como lo que ocurrió con los Beatles. Era un momento especial ¿A qué te aferrás para componer?
-A mí, a mi casa, a mis principios, a mi familia y mi manía de componer. Tengo una manía para componer, es una inquietud. Escucho músicas folclóricas y regionales. Músicas ciudadanas no me interesan, solamente los ciudadanos como Ástor Piazzolla, Horacio Salgán, Aníbal Troilo. En la música regional y folclórica encuentro riqueza, emoción auténtica y autóctona.
-Hablabas de cierta manía para componer, ¿sos maníatico?
-¿Y por qué sigo componiendo? Es como si tuviera un agujerito en el cachete de donde sale agua, bueno, salen algunas notas, digamos. Me siento y ya me doy cuenta cuando sale un bosquejo de algo, agarro papel y lápiz para escribirlo o prendo un grabador para no olvidarme. Son bosquejos tontos, mi música es música simple, no es nada como Beethoven ni mucho menos, es una cosa simple. Mis temas son de dos, tres minutos que pueden tener algún desarrollo, alguna introducción, son canciones. Y cuando me invita Popo Romano, toco con Tomohiro o Trío Fattoruso compongo temas instrumentales un poquito más jugados, dentro de mis posibilidades, que una canción. Tienen partes con un poco más de precipicios.
-Dijiste que el piano es un elemento más en tu cuerpo, ¿qué comunican tus dedos?, ¿hay algo que te propongas transmitir?
-No, no me propongo nada. Cada vez que voy a tocar estoy en forma y voy a mostrar lo mejor de mí porque yo me preparo para eso. Esa pregunta la tiene que responder la gente porque yo no tengo esa respuesta.
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Fuente.- El País Digital









